Mi Tarjeta sin Fondos
- Aixa Mariely Rodriguez

- 16 jul
- 3 min de lectura

"Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar..."(Salmo 113:7)
"...levanta del muladar al pobre."(1 Samuel 2:8)
Recientemente una lectura me transportó a un momento de mi vida en el que los recursos no eran suficientes. Recuerdo haber esperado ese día de la semana para ir a hacer la compra. Llené el carrito con las cosas necesarias y pasé a la cajera. Ella me indicó que mi tarjeta no tenía fondos… Por alguna razón me lo dijo en un volumen tan alto que los que estaban en la fila podían escuchar claramente, quería que me tragara la tierra.
Me propuse no mirar a nadie. En mi rostro había vergüenza, confusión, en el estómago, una sensación horrible: todos habíamos perdido el tiempo, ella, yo, los que esperamos y encima de ello no sabría con qué pasar la semana... Tomé un poco de valor para pedirle que pasara la tarjeta otra vez. El dinero se suponía que estaba ahí. Ya no quedaban muchas cosas en la casa para comer. Esa misma mañana había verificado el dinero; estaba ahí, contado. Pero ya no estaba. ¿Qué factura entró? ¿Qué hice mal? "DECLINED"(RECHAZADA, NO APROBADA, NO HAY FONDOS).
Viví eso muchas veces. En ocasiones lloré; en otras callé, pero siempre cabizbaja porque no tenía suficiente. Sin embargo a pesar de mi verguenza y dolor, de que aun con nuestros trabajos no era suficiente, Dios siempre proveía. A veces una llamada inesperada. Alguien que me decía que Dios había puesto en su corazón darme dinero. Y así, una vez más, Él suplía.
La verdad es que aquella vergüenza era por asuntos de dignidad y por cosas materiales y del diario vivir pero también cargaba con otro tipo de vergüenzas: cosas que yo sabía que no estaban bien para mi vida y que me hacían sentir de la misma manera.
Aun después de resolver muchas situaciones, seguía luchando con pensamientos que me hacían sentir sin valor, inadecuada, merecedora de nada. Era una batalla mental constante que terminó convirtiéndose en un verdadero basurero. Opiniones injustificadas que otros tenían de mí, etiquetas que permití cargar durante años, aun cuando nunca hicieron sentido con lo que realmente había en mi corazón.
Diariamente toda persona libra esta lucha: la comparación, el fracaso o apariencia de fracaso porque la meta es enorme, lo que la sociedad impone, lo que uno mismo se exige y lo que otros esperan de nosotros; algunas cosas buenas y otras no tanto.
Ese lugar de humillación que queremos transformar, esa condición baja, ese estercolero... es lo que la Biblia llama muladar.
"Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar..."(Salmo 113:7)
Un muladar es un basurero, un lugar donde se echaba estiércol.
La Palabra de Dios dice que tan lejos como está el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.(Salmo 103.12)
Tu y yo fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y, aunque nuestra naturaleza caída nos alejó, gracias a Jesucristo somos aprobados. Mediante el Espíritu Santo podemos ser libres, renovados y sacados de ese lugar donde muchas veces somos atormentados por nosotros mismos, por otros y por el enemigo.
De nuestra parte, le permitimos a Dios trabajar en nosotros cuando:
Leemos y estudiamos la Biblia, porque Él mismo dijo que las Escrituras dan testimonio de Él. Allí encontramos la verdad y para obedecerle necesitamos saber primero qué Él pide de nosotros.
Decidimos darle el primer lugar en nuestra vida y en nuestro día. Dios no es un recurso para lograr lo que queremos. No es el el genio de la lámpara. Es nuestro Padre, nuestro Creador, conoce nuestras necesidades. El libro de cómo vivir mejor nuestra vida lo tiene Él en su mano.
Aprendemos a vivir en humildad delante de Dios. Háblale tus desafíos y peticiones (esto es orar) pídele ayuda, cuenta con Él, comunicate a diario genuinamente y háblale claro. Al hacerlo, nos despojamos del orgullo y permitimos obrar en nosotros.
Quizás hoy tu "tarjeta sin fondos" no sea de un banco.
Quizás sean tus fuerzas, tu paciencia, tu autoestima, tu matrimonio, tus sueños o tu esperanza. Todos, en algún momento, hemos conocido nuestro propio muladar.
La buena noticia es que Dios nunca ha tenido problema en entrar a un estercolero para levantar a alguien. Porque Él no ve basura donde el mundo la ve. Él ve una vida que todavía puede restaurar. Vé tu propósito.
¿Listo para salir del muladar?
Oremos:
Dios te doy gracias por que Tú siempre estás presto para ayudarme. No lo tengo todo ahora, pero te entrego todo lo que soy, porque soy tuyo(a). Te pido que me limpies, y que pongas mis pies sobre la roca. Señor Tú eres mi Roca, mi ayuda y mi salvación. Confío en que no me dejarás en este mismo lugar. Alínea mis pensamientos, mi vida con lo que tienes para mí. Gracias, Señor. Te pido esto en el nombre de Jesús.
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Aixa Mariely Rodriguez



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